viernes, 9 de noviembre de 2012

TEORIA DEL MAMIFERO BISEXUADO
“Los senos son los salvavidas de la muerte. Sólo agarrándonos a un seno nos podremos salvar”
 Ramón Gómez de la Serna 


 Una de estas tardes de principio de otoño observaba a mi fiel terrier sesteando en el sofá bajo el tibio sol meridional. Tiene la costumbre de tumbarse panza arriba cuando llega a la fase que más reconforta su descanso. En ese momento, reparé en un punto negro que se marcaba en su vientre. Instintivamente aproximé mis manos para explorar entre su pelo en busca de algún indeseable parásito, y a los pocos segundos confirmé que aquel bultito negro no era más que uno de sus ocho pezones... Momentos después me encontré investigando en internet sobre este asunto. Un pregunta obvia me rondaba la mente, ¿Por qué la naturaleza tan sabia y previsora nos ha dotado a los machos de cualquier especie mamífera con glándulas mamarias? ¿Para qué? El asunto, por prosaico que parezca, no es baladí, y esconde las grandes lagunas del conocimiento humano en lo que respecta a su origen y evolución. 

 En la red se encuentran bastantes entradas sobre el tema, pero en definitiva ninguna hace más que detallar las diferentes fases de la embriogénesis, concretando en este proceso una muy concreta, denominada “fase de indeterminación del género sexual” comprendida durante las cinco primeras semanas de vida, en el caso de los humanos. En esta fase inicial de la multiplicación celular, los científicos han llegado incluso a determinar el orden natural de programación de las células; en ambos géneros, femenino y masculino, la formación del sistema hormonal en el que se incluyen las glándulas mamarias, es común, e incluso anterior a las evidencias morfológicas que distinguen nuestro sexo, aunque este ya haya sido predeterminado en una fase preliminar a través de la composición cromosomática producida a partir de la conformación del cigoto. Esta comprobación científica bien contrastada, no acaba de aclarar el fondo de la cuestión, simplemente detalla el proceso, pero no así su causa y motivo. Hemos de partir de la siguiente premisa: La naturaleza, y en concreto la evolución, nunca se mueve sin alguna motivación previa. La adaptación al entorno junto con el instinto de supervivencia es una constante defendida por Darwin en su famosa teoría. Sería por tanto plausible que esas glándulas tuvieran alguna vez una utilidad práctica y hoy en día no son más que remotos vestigios de escenarios biológicos anteriores. Esto plantearía que los machos de cualquier especie mamífera, al menos en algún momento de su evolución, también nutrieron a sus crías. 

 Mi teoría apunta aún más lejos, a un tiempo en que la especie se componía de un único genero. Esto por extraño que parezca se sigue produciendo en la naturaleza, en formas celulares primitivas, e incluso en alguna que otra especie poco evolucionada. Nuestra composición morfológica avala esta tesis. Los órganos sexuales, y en definitiva los sistemas reproductivos de los dos géneros existentes en la actualidad, son prácticamente simétricos y semejantes, y sin embargo han evolucionado en formas y funciones de una manera muy diferente. Ahora se sabe, por ejemplo, que el útero femenino y la próstata masculina son en esencia un mismo órgano. Algunas de las cuestiones que podríamos plantearnos serían: ¿Cuándo se produjo la diferenciación de los géneros? ¿Por qué sólo uno mantuvo la capacidad de gestación? ¿Existió realmente un único genero sexual? Desde un punto de vista sociológico, la cuestión de la homosexualidad podría entenderse mucho mejor dejando al margen las especulaciones socioculturales. Sí antes existió un solo género, es probable que el individuo que se siente atraído por su propio género constituya en sí mismo un olvidado atavismo biológico. 
 De hecho, el que la naturaleza permita el derroche biológico de humores en relaciones homosexuales no se explicaría, salvo que en un pasado hubiese tenido capacidad de fecundación. Los recuerdos celulares de estas personas mantienen una memoria más antigua que la de las personas que no sienten esta atracción. En definitiva se acercan más al individuo original y ancestral. No sé sí alguna vez averiguaremos sí en esta evolución progresiva y tendente a la separación de los géneros se anticipó la biología o la sociología, el caso es que una vez divididas las dos subespecies cada una adoptó un papel diferente y complementario a la otra, en pos a mantener la supervivencia de cada especie. El momento concreto de este hecho en la cadena evolutiva es también un misterio. 
 Desde un punto de vista religioso, es curioso constatar que casi todas las religiones adoran a seres que tenían la capacidad de reproducirse por medios no ortodoxos; concepciones misteriosas, autoconcepciones, en ello sin duda se encuentra el poso de nuestra primitiva memoria celular. No hay duda de que el individuo capaz de reproducirse sin factores externos seria una especie de Dios. 
 En un futuro se comenzaran a constatar estos hechos, y probablemente se avancen nuevas conclusiones de indudable importancia para conocer mejor el insondable misterio de la vida y de su origen biológico. Entretanto seguiremos especulando con un pasado mucho más peculiar de lo que pudiéramos haber imaginado.

martes, 3 de febrero de 2009

RAZONALISMO Y EXISTENCIA: Principio y enunciado de la Ecuación Universal
(Primera parte) Preámbulo enunciativo relativo a las interpretaciones filosóficas anteriores al Razonalismo:
Repasando la historia de la Filosofía, es sorprendente advertir el grado de sofisticación alcanzada por los filósofos griegos en todo lo concerniente a la existencia y a la conformación del Universo. El valor de sus clarividentes postulados es doblemente asombroso, si consideramos el exiguo estado de la técnica en aquellos tiempos. Sus aportaciones en el campo de la determinación de la materia que nos conforma constituyen la base del pensamiento occidental, y por tanto son una referencia ineludible para el pensamiento razonalista. Es por ello conveniente mencionar aunque sea brevemente, a algunos de los personajes más representativos de esta corriente de pensamiento, compuesta por los verdaderos pioneros del pensamiento en el ámbito de la Cosmología.
La primera fuente de conocimiento al respecto se remonta a la Filosofía Preática (600-450 AC) y a los antiguos físicos, también conocidos como filósofos de la naturaleza, que buscan el origen de la Materia, esperando encontrarla en elementos materiales. Anaximandro De Mileto, muestra en su búsqueda de la materia prima, una intuición, relativa a que las cosas de este mundo no pueden explicarse por la materia existente. Mencionó lo indefinido (apeirón) sometido a cuatro características: Cuantitativamente infinito, temporalmente indefinido, cualitativamente indeterminado y religiosamente divino. Creador de la idea del Cosmos, desarrolló su Teoría del Origen del Mundo a partir del movimiento que separó los dos contrarios del calor y el frío, dando lugar a lo sólido y a lo líquido, a partir de lo cual desarrolla su curiosa Teoría de los Cilindros. Anaxímenes de Mileto abundó en esta teoría dándole a la materia indefinida, el aire como elemento sustentador de la misma. Todo surge del aire por rarefacción y condensación. Heráclito de Efeso (el oscuro sokeitós) basó sus teoría en la transitoriedad y en la creación a partir del fuego, siendo además el primero en hablar de Año Cósmico. Su explicación del ser como un hacerse y deshacerse resucitó más tarde con Hegel. Los pitagóricos preocupados por la astronomía no aportan grandes novedades, excepto por su observación de la Ciencia como referencia incuestionable, hasta la aparición de los Eleatas, con su concepto del ser inmutable, convirtiéndose en la primera fortaleza de la metafísica.
Debieron transcurrir muchos siglos hasta que la Filosofía, en su constante evolución, volvió de nuevo su mirada a la conformación básica del Universo, apoyándose en los avances científicos y técnicos. En ese largo camino encontramos periodos del pensamiento enfocados más al comportamiento humano, dejando las cuestiones existenciales y cosmológicas al albur de la influencia y mediatización de las doctrinas religiosas, que como es evidente se encuentran aparentemente muy alejadas del camino de la Ciencia.
En la actualidad, el avance del conocimiento permite volver a retomar el asunto desde nuevas perspectivas que harían las delicias de los intuitivos filósofos Preáticos, siendo Einstein el máximo exponente contemporáneo del nuevo abordaje al conocimiento de la naturaleza que nos envuelve y conforma.
Los últimos estudios en Astronomía y Cosmología, comienzan a poner en entredicho la famosa teoría del Big Bang enunciada por el científico George Gamow. La teoría se desarrolló en base a los trabajos de Friedman y Lemaître, demostrando a partir de la Teoría General de la Relatividad, que el Universo se encuentra en movimiento constante. Las comprobaciones de Hubble fueron determinantes para constatar el movimiento de deriva de las nebulosas, y en definitiva de la expansión aparente de las mismas. Es curioso e importante constatar, que el propio Einstein corrigiese a posteriori los postulados originales derivados de su Relatividad General, introduciendo un elemento denominado Constante Cosmológica, que con carácter de fuerza gravitatoria repulsiva, contrarrestaba el movimiento expansivo, y todo ello con el único fin de aportar un elemento de estabilidad universal, contradictorio con su enunciado original.
Uno de los más famosos defensores de la Teoría del Big Bang ha sido el científico Steve Hawkins, que ha conseguido avanzar significativamente en el desarrollo de la misma. La teoría si bien original, adolecía de grandes fallos conceptuales convirtiéndola en un poco pueril, y en cualquier caso, ha supuesto una interesante perspectiva para alumbrar nuevos caminos de interpretación en la mecánica astronómica, y en la investigación de la física de partículas. El CERN es una buena prueba de ello, y su éxito nos devendrá nuevos descubrimientos interesantes, especialmente en el campo de la Física Cuántica y de la Medicina. No lo serán tanto para aquellos que fraguan sus esperanzas, en demostrar la famosa teoría del huevo explosivo.
En el rabioso presente, el debate se centra en la Teoría de las Branas desarrollada por varios profesores de la Universidad americana de Princeton, constituyendo otra interesante reflexión sobre nuestra telaraña, y que aporta como valor apreciable e innovador (salvo para las religiones orientales), la nueva noción de Universo cíclico, que se contrae y expande alternativamente, destruyéndose y reconstruyéndose sucesivamente.
Una vez repasado el panorama actual, pasamos a enunciar los postulados razonalistas al respecto:
Teoría del Universo Ebulliscente
En primer lugar señalar que a efectos humanos, nuestra capacidad limitada para comprender las dimensiones del Cosmos hacen que a todos los efectos, éste deba ser considerado como infinito e inabarcable, y carente de forma. Cualquier otra consideración al respecto, en nuestro estado actual de la Técnica, puede resultar tan atractiva como atrevida, y desde un punto de vista filosófico los límites del Universo no serían más que relativos, ya que todo lo que existiese a partir de los mismos también debería considerarse como parte del Universo. Estimar por tanto su movimiento relativo, tamaño, trayectoria, o aspecto es simplemente un ejercicio todavía inalcanzable para el conocimiento humano, e inútil desde una determinación filosófica. Es evidente por tanto, que todas las conclusiones al respecto, son casi con seguridad absolutamente irrelevantes, salvo para la obtención de unos parámetros vectoriales que preemitiesen hoy por hoy, establecer waypoints en hipotéticos viajes estelares en nuestro entorno limítrofe, en un radio de 100 millones de años luz.
El Razonalismo descarta por tanto cualquier especulación encaminada a determinar formas o dimensiones, que dejaremos para futuras generaciones, para centrarse en el, todavía enigmático, aspecto relativo a la conformación y composición de la materia que constituye lo que denominamos Universo.
Sobre su composición, sin duda se avanzará en un tiempo relativamente escaso.
La conclusión razonalista generada a partir de patrones cuánticos, con respecto hasta a lo ahora conocido, nos establecería una primera conclusión preliminar, que apunta a que todos los elementos que lo conforman se componen de una misma partícula básica.
Esta partícula a la que bautizaremos “Razón” como homenaje a nuestra doctrina, se halla en la composición básica de todo lo que nos rodea, y su esencia material se encuentra a un nivel infinitamente inferior a nuestra actual capacidad de descomposición atómica. La naturaleza de la misma es hoy por hoy un misterio, y sin embargo sí sabemos que se caracteriza por su versátil capacidad de asociación, tan versátil, como para conformar estructuras tan variadas como la propia Naturaleza. Esta partícula elemental posee dos características complejas, por un lado es indestructible, y por otro inerte. Especular con la cantidad existente de las mismas es también inútil, desde el momento en que queda un vacío de conocimientos entre el escalón formado desde el nivel de su verdadera dimensión y el del actual conocimiento de partículas subatómicas.
El Universo se encuentra por tanto compuesto en esencia, por un magma cósmico constituido por infinitud de elementos denominados “Razones”, de semejante composición.
Como hemos apuntado antes, la capacidad de asociación de los “razones” se muestra evidente en la naturaleza, evitando el estado de homogeneidad estática que supondría la falta de interacción entre los mismos. Teniendo en cuenta el postulado del carácter inerte de los “razones”, es presumible que la citada interacción entre los mismos únicamente se pueda producir a partir de una fuera externa. Esta fuerza compleja, denominada Factor Perpetuo, es el otro elemento fundamental para explicar las diferentes asociaciones, ya que conforma cualquier estado tanto de la materia, como de la denominada erróneamente anti-materia, y como desarrollaremos más adelante, se compone de dos elementos diferenciados.
La influencia del Factor Perpetuo es por tanto consustancial al propio Universo.
El mismo, es el responsable de una aparentemente ilimitada transformación de la materia básica, hasta adoptar todas las formas combinatorias posibles en la naturaleza perceptiva, a través de unas “dosis” determinadas de radiación, que posibilitan la alteración simultánea y sucesiva de, temperaturas, presiones, y de campos electromagnéticos y gravitacionales.
Esta tesis concluye, que es efectivamente cierta la “inestabilidad” constante de todos los “razones”, avalando por consiguiente la valiosa teoría de la indeterminación de Heisenberg, que en román paladino, establece la imposibilidad de concretar la posición instantánea de una partícula al estar ésta en constante movimiento. La conclusión lógica es que todas las partículas se encuentran en movimiento, y por tanto no existe una millonésima de milímetro del caldo cósmico “razonal”, que no se encuentre en movimiento constante. La determinación de posiciones o movimientos en este contexto siempre será relativa, y por tanto irrealizable para nuestra capacidad de calculo matemático.
Enunciado de la Ecuación Universal:
La perspectiva de construir una ecuación universal surge a raíz de la visualización de lo tratado en el apartado anterior. Una masa de partículas en ebullición constante y diferente en las diferentes extensiones de su extensión.
La determinación matemática de los postulados anteriores se traduciría bajo esta ecuación básica:
Universo = ∑ Partículas Básicas + ∆ Factor Perpetuo
Siendo ∆ Factor Perpetuo = Constante Universal KU x Radiación Permanente RP, la misma se puede descomponer en:
Universo = ∑ Razones + [Constante Universal x (Radiación Permanente)]
Las partículas básicas, “razones”, se ven sometidas por tanto a las intrincadas, y todavía desconocidas en algunos casos, Leyes físicas que conforman a nuestros ojos su apariencia sensorial, limitándose en definitiva a adoptar diferentes formas de materia o antimateria, según la incidencia de la Radiación Permanente recibida en un dosis condicionada para cada una de ellas por la Constante Universal
La Radiación Permanente es mensurable parcialmente por el momento, y por tanto aún estamos comenzando, en proceso inverso y a partir de la simple observación experimental, a comprender la amplitud de su espectro y la acción básica sobre las diferentes asociaciones de partículas subatómicas creadas a partir de la de interacción de la misma con las partículas básicas o “razones”. Su mecánica es cuánticamente impredecible.
La ecuación contiene un último factor, denominado Constante Universal, cuyo valor cuántico es constante y aleatorio simultáneamente, ya que conforma la misma deshaciendo, la homogeneidad del "Gel de razones". Sobre este factor matemático poco sabemos, salvo que se aplica a una radiación eterna y permanente, que mantiene a las partículas básicas en perpetua ebullición. El análisis de su potencial mecánica, adaptada a la mente humana, debería tener en cuenta, que desde un punto de vista matemático mantiene las siguientes características: Su acción es permanente y simultánea, y su valor nunca puede repetirse, siendo siempre único.
Al ser un factor aleatorio, la medición del mismo requiere un calculo tan amplio, como el del numero infinito de partículas Básicas del Universo, en combinaciones ilimitadas.
Es evidente, que las exégesis acerca de la naturaleza del Factor Universal se presta a multitud de interpretaciones, algunas por supuesto de índole místico o religioso.
Este factor en definitiva condiciona nuestra propia existencia y el de todo nuestro entorno vital. En cualquier caso, el Razonalismo únicamente determina los mecanismos de la esencia existencial, y por tanto cualquier otra explicación ajena a la física de partículas escapa de su ámbito filosófico, y se enclavaría en desarrollos sociológicos, místicos y religiosos ajenos a este capítulo, sin que todo ello sea óbice para permitir una libre y legitima interpretación individual.
(Sigue...)

martes, 27 de enero de 2009

España como encrucijada Razonalista
“En presentes indeterminados, el futuro siempre escapa cada vez que nos enfrentamos por un pasado determinado” AP
No es infrecuente en estos tiempos, escuchar algunas voces interesadas desde ámbitos políticos de nuestro propio país, predicando algo tan asombroso como la tesis de la inexistencia de España. Es probable, que para cualquier lector medianamente instruido, esta aseveración pueda resultar poco menos que hilarante, considerando que durante un largo periodo de la Historia fuimos la nación más rica y poderosa del planeta, conformando un Imperio, que historiadores tan brillantes y poco sospechosos como Toynbee, definen como un fenómeno sin parangón en la Historia Moderna de las civilizaciones. Sin siquiera considerar extremos culturales, religiosos, o lingüísticos, esta posición históricamente incuestionable, facilitó la lógica aparición de todo tipo de adversarios y oponentes, que como en todos los procesos imperiales de la Humanidad, forjaron (y forjarán) una corriente anti-imperial que en nuestro caso, y entre otros muchos efectos, germinó por ejemplo en la famosa Leyenda Negra. Un atento estudio de la Historia, descubre que las secuelas sociológicas de esta beligerancia nunca son estériles, permaneciendo activas durante largos periodos de tiempo en el imprinting colectivo de dominados y dominadores, y también somatizadas por estos últimos al experimentar los crueles momentos del ensañamiento inherente al desmoronamiento de cualquier sistema de vida, impuesto desde una posición de predominio. El sentimiento de culpa español sobre nuestro pasado, que parte sin duda de esta característica, se ha mantenido (y se mantiene) vivo a lo largo del tiempo, en forma inversa pero proporcional a la significación de nuestro propio papel en la Historia, sumado al juicio valorativo del pasado, reavivado últimamente por una nueva y pueril tendencia revisionista del análisis de hechos y acontecimientos, fuera de su contexto histórico. En este y cualquier otro ejemplo de valoración historicista, es sencillamente absurdo y estéril valorar los hechos del pasado bajo una perspectiva actual, salvo como frívolo y poco novedoso ejercicio demostrativo de las doctrinas de Hobbes. En cualquier caso, el punto de vista razonalista no se detiene como digo, en el enjuiciamiento valorativo de la Historia; es obvio que este apartado se encuentra cubierto perfectamente desde otro ámbitos académicos consagrados a ello. Desde la perspectiva razonalista, agazapada en la atalaya del siglo XXI, el juicio convencional de la historia no tiene más importancia, que el dimanado del aprendizaje sociológico de los pueblos, que se pueda extraer para no reincidir en errores del pasado, y para alentar los puntos positivos de éste, que propicien la construcción de un futuro mejor. En este punto, la experiencia española, con todos sus errores y aciertos, resulta insuperable dada la riqueza y complejidad de un pasado patrimonial que convierte a nuestros conciudadanos en portadores de excepción, del vasto conocimiento extrapolable de un sinfín de lances y avatares, experimentados en nuestra convulsa interacción con la Historia de la civilización. Es también evidente que esta conciencia sólo podrá adquirirse de forma practica, mediante el cuidado de la enseñanza, y de la expansión y mejora del conocimiento en nuestro país, algo por otro lado desperdiciado hasta ahora en todo su potencial, por los mediocres políticos que han regido y rigen nuestra corta andadura democrática. Pero aún a pesar de ello, la herencia patrimonial es tan sólida que se seguirá manteniendo incólume a lo largo de los siglos, a pesar de la circunstancial y efímera actuación de estos próceres. Nuestro pasado reciente es la mejor prueba de ello. En estos tiempos de desaliento y desanimo, se ha instalada una idea apocalíptica siempre consustancial (y también errónea) a los periodos de crisis, consistente en denostar sistemáticamente la verdadera importancia filosófica que representa España, acrecentada por ciertas espurias opiniones políticas, que desconocen un extremo tan evidente, como el que cualquier ser sometido a la observación del universo, es a la vez tanto lo que él percibe de sí mismo, como lo que es percibido por los demás. Este compendio, en el que no voy a parar a medir porcentajes, es fundamental para comprender nuestra verdadera esencia existencial. En una aplicación práctica y evidente de este argumento, resultaría muy sencillo constatar el valor abstracto de nuestra existencia, a partir de la noción que nuestros vecinos mundiales tienen de nosotros. De entre todos, el conjunto de naciones hispanoamericanas es obviamente, la mejor referencia para demostrar esta tesis. Desde luego ellos saben perfectamente quienes somos, y el término Madre Patria es lo suficientemente explicativo como para no abundar en el asunto. Sea cual fuere su opinión afectiva o ideológica, sobre lo que no existe duda, es sobre la existencia de la misma, bendecida con sus heterogéneas valoraciones. Sería por tanto muy cruel despojar a más de seiscientos millones de personas de esta referencia vital. El espectro se podría ampliar a ámbitos geográficos que nos llevarían a los polos mas lejanos del planeta, acordes a las dimensiones de un Imperio, en el que como bien es sabido, nunca se ponía el sol. Esta realidad, mal que le pese a algunos, es tan sólida por sí misma que cualquier intento por alterarla se demuestra completamente inútil. Muchos argüirán que España existió desde hace seiscientos años, otros se remontarán a Hispania como provincia romana, otros al momento en que España tiene Ministro de Igualdad y Defensor del Pueblo. En realidad, esto es lo de menos. El razonalismo acepta ambas tesis, la de nuestra existencia desde el principio de los tiempos, y la de aquella restringida al inmenso mínimo que supondría su existencia como mera representación. Nuestra existencia es por tanto indiscutible. La interpretación razonalista de esta existencia se rescata de ambas partes, realidad y representación. Ninguna de las dos debe condicionar el futuro proyecto de pensamiento nacional. Es más, ambos planteamientos deben ser aprovechados para reformular nuestro futuro como Nación de referencia en el panorama del pensamiento global. Un pueblo heterogéneo, como consecuencia de nuestra magnífica posición geoestratégica, generada en el pasado a partir de nuestra propia acción expansiva, y que aglutina una experiencia formidable. Nadie con un mínimo de conocimientos podría negar que España está conformada por un millón de sangres, y esto por encima de cualquier otra consideración, es una auténtica bendición para la doctrina razonalista. Es precisamente esta variedad la que ha permitido, que al margen de los pésimos dirigentes que casi siempre hemos padecido, las individualidades hayan conseguido eclipsar la falta de buen gobierno. Actualmente muchas voces claman el desastroso rectorado de nuestro destino común. Menuda novedad. Esto se ha repetido sistemáticamente, y a pesar de ello aquí seguimos, y me atrevo a asegurar que seguiremos hacia delante, a pesar de esta consustancial característica que nos persigue incesante. La razonalización de España se debe formular únicamente a partir de la conjunción ideológica de lo que nos gustaría ser, y de lo que sería más conveniente para nuestro futuro. En definitiva una aplicación práctica de las leyes universales de la mecánica, extrapoladas a nuestra frondosa y a veces dura existencia vital, llegada incluso al extremo de nuestra propia fagocitación. España existirá siempre, pese a quien pese, simplemente porque el bagaje de su aportación filosófica al destino del mundo puede constituir una ayuda indispensable para su propio destino. A pesar de vivir en tiempos de indeterminación permanente, que nadie porfíe sobre la proverbial y famosa determinación española. El que lo haga errará una vez más en su pronostico. El respeto a la Historia de Todos los Españoles avala esta encrucijada razonal.

jueves, 11 de diciembre de 2008

TETRIS RAZONAL
“El fanatismo consiste en redoblar el esfuerzo cuando has olvidado el fin” – George Santayana Escucho a una inteligente periodista de la agencia Gramma, disertar sobre su visión del futuro de Europa a corto plazo. Su visión, se acaba convirtiendo en un aserto sobre el intimo deseo de su idearium; una ansiada proyección, que convierte al viejo continente en un escenario de potenciales revueltas y conflictos armados. No obstante, el punto de vista no deja de ser digno de consideración, y en el pueril pero a veces dramático juego del estadismo humano, es siempre interesante observar nuestro reflejo desde distintos ángulos del espejo. Su predicción contiene, como digo, pautas catastróficas pero verosímiles, abonadas por un escenario de infelicidad contagiosa, envuelta por el frío manto de la crisis que se ha instalado en las antenas de comunicación, de todo el Continente. Desde su doctrina de pensamiento único, es evidente que cualquier resquicio en la política de bloques, siempre será un triunfo objetivo en su encubierta ansía imperialista. Asuntos tan poco triviales como la presión migratoria, y el nivel de desempleo, son suficientes para considerar su tesis, basada en un futuro, si bien no dramático, sí al menos preocupante. En estos periodos de inestabilidad, es cierto que suelen confluir agentes que pueden actuar, como mecha propiciatoria para giros inesperados en el rumbo de cualquier sociedad organizada. Y así, toda una retahíla de augurios, que se compendian en la fina estampa de una Europa débil, quebradiza, y desnortada, tras el difuminado permanente de la olvidada política de bloques, e incapaz de sacar partido a sus fortalezas. Así somos vistos por los que defienden la multilateralidad como único futuro posible. La meditación sobre las palabras anteriores, nos concluye en una serie de propuestas de reflexión razonalista, y por tanto de insólita implementación filosófica: Es cierto que la política de bloques del pasado siglo XX, se encuentra un tanto desdibujada desde la caída del muro de Berlín, situación simultaneada con el reciente envite al retorno de la vieja lucha entre civilizaciones, caracterizada por el incansable pulso humano por detentar la teoría verdadera de los designios divinos. Este último extremo, convertido en incierta expectativa tras las elecciones imperiales (permítase el adjetivo por su asombrosa repercusión mediática), nos deja a merced de la reconsideración urgente del verdadero significado para Europa, del histórico derrumbe de la barrera euroasiática, aún no somatizado, y aún menos bien ponderado, por el imprinting colectivo de los que la conforman. Basten a modo de ejemplo las reservas y críticas de la Unión Europea, a los acercamientos financieros del gran vecino ruso, traducidas en perdida de posibilidades de futuro. En este preciso momento, en el que por causa de la crisis, los gobiernos europeos tiemblan ante sus perspectivas de viabilidad respectiva, el miedo ha terminado por degenerar en un comportamiento, melancólico y egoísta, marcado por un fenómeno de multilateralidad interna, auto-provocada. Sería del todo lógico, y probablemente conveniente, que los europeos volcaran su mirada hacia el bosque de inmediato, materializando un giro de timón , que propicie la urgente refundación de un sólido bloque geopolítico. Este proceso, a realizar de facto y de iure sobre la actual base de unión económica, podría ser indispensable para mantener ciertas posibilidades ante los tiempos que algunos vaticinan. Y por supuesto, contando con Rusia como poderoso y conveniente socio, a todos los efectos. Es todavía chocante el fenómeno sociológico, a pesar del escaso lapso de tiempo transcurrido, del olvido consentido que supuso la gesta de millones de rusos y norteamericanos, entregando su vida para desalojar al nazismo de la vetusta tierra europea. Por un curioso efecto, este olvido se ha tornado además en recelo ideológico desde cualquier polo, siempre dispuesto a denostar continuamente a nuestros esforzados libertadores. Puntualizo que hablamos de hombres, y no se sistemas. La inercia de nuestra raíz feudal es demasiado fuerte, y esto revela además, que nuestro engranaje no tiene excesivas ganas reales de exportar su doctrina, en un preocupante ejercicio demostrativo de falta de fe en el proyecto europeo, que los políticos responsables han hecho patente a sus gobernados. Si no se remedia, volveremos automáticamente a tiempos pasados, en un precioso desperdicio temporal. Un nuevo e inútil bucle del destino pendular, alejado de la valiosa enseñanza newtoniana, enunciativa de la fortaleza obtenida mediante la unión de fuerzas. Para Castro, aconsejarle de comandante a comandante, que en su última voluntad incluya como única cláusula, la abolición de sus fuerzas armadas, civiles y militares, promulgando la destrucción inmediata de cualquier arma de fuego, en la Isla y sus Cayos adyacentes. Solo con este gesto, podría quizá justificar ante la historia su proclamada y dudosa coherencia, en la búsqueda de la libertad para el bravo y sufrido pueblo cubano. Gallego, hay que dar ejemplo hasta de lo que no se es. Las opciones de futuro, parecen reducirse en esencia, a intentar destruirnos en pequeñas parcelas, o en grandes bloques. La primera es más divertida, y la segunda más arriesgada, pero compatible con una refundación rápida del fracasado y original proyecto de las Naciones Unidas. Aparte de sus virtudes, ambas comparten el mismo defecto: una garantizada crueldad en algún momento de su ejecución. Siempre será más fácil unir a dos que a diecisiete; mientras no te caigan muchas zetas. Así funciona el recuerdo humano, tras una trepidante y permanente partida razonalista, bajo un previsible chaparrón de bloques.

viernes, 14 de noviembre de 2008

FUNDAMENTOS DE LA DOCTRINA RAZONALISTA
“Nuestra vida es una rendija de luz entre dos eternidades de tinieblas”
Preámbulo: El razonalismo, al igual que cualquier otra corriente filosófica persigue un fin y este no es otro que conformar un soporte al nuevo análisis que surge de la observación atenta de las nuevas y siempre cambiantes circunstancias del hombre y de su entorno intemporal. Los fines últimos de este análisis, también afectos a la simple interpretación de los hechos, no escapan ni esconden una intención universalizadora del conocimiento aplicado, basado en la experiencia individual y colectiva, y dirigidos a la mejora de nuestra condición como ser pensante. Esta ambición, impermanente como nuestra propia existencia, será también superada en tiempos venideros por nuevos enfoques aún indeterminados. El deseable, y siempre momentáneo avance científico, está siendo una vez más en este preciso momento de la Historia, protagonista y generador a través de nuevas disciplinas, como por ejemplo la bioética, la robótica, o la física cuántica, de la permanente brecha existencial, y por ello es necesario su abordaje desde nuevos puntos de vista globales. Este punto es sustancial ya que el razonalismo no se detiene en el juicio del pasado, sino en su observación para concluir nuevas visiones temporales adecuadas al nuevo siglo. La Historia, en todos sus ámbitos, es fundamental para construir el nuevo edificio razonalista con nuevos materiales de aportación, extraídos del reciclaje de los viejos dogmas. Principios: Sus fuentes por tanto, emanan del estudio sin apriorismos de cualquier doctrina humana anterior, tamizadas por el filtro temporal de su resultado enunciativo o aplicado, en la experiencia individual y colectiva. No será por tanto extraño encontrar referencias explícitas a principios filosóficos ya existentes, desde la tradición clásica helenística, hasta la oriental, pasando por la corrientes humanísticas, positivistas, constructivistas, relativistas, racionalistas, y hasta existencialistas. Los principios filosóficos clásicos constituyen un patrimonio heterogéneo de inestimable utilidad que han de distinguirse mediante una selección adecuada. Una recapitulación general y hekatonquírica, de nuestro pensamiento colectivo, que aunque pueda parecer contradictoria, nos sorprenderá por lo innovador de su resultado. Con estos argumentos desarrollaremos un opúsculo filosófico que se desgranará paulatinamente, abordando inicialmente los campos siguientes: ■ Razonalismo y existencia: Principio y enunciado de la Ecuación Universal ■ Interpretación razonalista de la nueva Ciencia. ■ Ética razonalista ■ Perspectiva razonalista de la religión. ■ Razonalismo y espíritu rector. La formulación y enunciado de ésta doctrina se hará, como no podía ser de otra manera, a través de Internet, la nueva imprenta difusora de nuestra era.
El resultado de su potencial éxito, será únicamente juzgado a través del filtro del tiempo.
PRIMER MANIFIESTO RAZONALISTA: El Arte de la Conciencia, una reivindicación de la nausea “La conciencia sólo puede existir de una manera, y es teniendo conciencia de que existe” –Jean Paul Sartre.
El benéfico laboratorio que patentó el principio activo del hidrocloruro de metaclopramida ha sido, seguramente sin ninguna otra intención más que la hipocrática, el perfeccionador de una ancestral doctrina que se ha intrincado, una vez más, en las neuronas del arte y del pensamiento español. La neutralización de la nausea en la conciencia artística, se ha intentado de forma sistemática desde hace siglos, y aunque más o menos disimuladamente, siempre ha figurado en las corruptas intenciones primordiales del heterogéneo mundo de los que han intentado controlarla, auto justificada en su atribuido papel como infalibles regidores de nuestros destinos. Estos dos mundos, el de la creación artística, y el de la creación e implantación de principios ideológicos de convivencia, siempre han mantenido una rivalidad basada en una feroz desconfianza mutua. Esta desconfianza ha sido el motor de nuestra evolución cultural desde que aquel hombre vomitó el primer toro en Altamira. La consecuente recriminación, por su incomprensible conducta manchando paredes, provocó una brecha espiritual que conformó la base de su conciencia creativa y se constituyó al mismo tiempo en su intransferible fuerza motora. Todo el que pretenda dedicar su vida a la creación intelectual y se mantenga alejado de esta desconfianza estará necesariamente muerto. La ecuación de coexistencia entre ambos mundos, el rector y el educativo, probablemente necesaria como concluyó Plutarco en sus pedagógicas “Vidas paralelas”, no implica la homogeneidad ética de sus factores, y por ello tampoco de su comportamiento. Sus fines y sus principios, sin entrar en consideraciones morales, son simplemente diferentes. La mayor diferencia entre ambos se basa precisamente en la característica interpretativa de la conciencia colectiva de sus respectivos universos. El mundo rector la va reinventando en una catarsis permanente y a veces contrapuesta, con el fin de mantener el control, bajo los nuevos dogmas que alimentan las cambiantes circunstancias, mientras el educativo mantiene su esencia transformadora original con diferentes formas expresivas, que condicionadas por la ausencia de cualquier fin legítimo ajeno a la satisfacción personal del creador, representan su única esperanza de supervivencia e independencia. El conjunto de acciones históricas de la primera carece de toda ética en su conjunto, la segunda, ha mantenido su espíritu primigenio a través de los siglos, aún a pesar de la actitud reprochable de algunos de los que han intentado formar parte de ella. El vómito creativo necesita por tanto de esta completa independencia para mantener su divina condición natural, que sólo el tiempo avala, ajena al control del mundo rector. En España, de una forma sutil a veces, y brutal otras, cada ideología emanada del mundo rector ha intentado conseguir un argumento extra para mantener este control. Unas con ignorancia y desprecio, y otras con fingida comprensión y subvención corrompida. Este pulso continuado en nuestra sociedad ha sufrido diferentes estadíos y ,una vez más, en estos tiempos nos están tumbando la mano. El objetivo siempre intenta ser el mismo, la neutralización de la nausea. Nuestro panorama actual se presenta desolador: Lo que nos ha quedado son exiliados, cadáveres, o espíritus infectados por la sífilis del pensamiento único y la apropiación de la manifestación de la conciencia, en beneficio de la ideología del ente rector. Este proceso ha de ser neutralizado de inmediato, existe mucho talento aún por descubrir, y la conciencia del arte debe impedir que privemos a las futuras generaciones de su enseñanza. Alberguemos por tanto una esperanza. La crisis actual de España será el germen de una nueva raza de artistas que pongan en duda los principios dogmáticos de cualquier ideología creada por el principio rector. Debemos hacer una renuncia expresa a la maléfica subvención, que únicamente corrompe la conciencia atávica, reduciendo su creación a un prosaico vómito ideológico alejado del fin último del arte. Rescatemos la duda como principio creador y mantengamos nuestro nivel de conciencia alejada del sistema rector. Despertemos del letargo. Sus fines son necesariamente opuestos a los nuestros, como poco se lo debemos a la conciencia de todos nuestros maestros en el pasado, el presente, y el futuro. Aquí, y ahora, un nuevo movimiento de pensamiento universal está naciendo de acuerdo a las nuevas circunstancias de la Humanidad. Nuestra nueva filosofía se nutre del conocimiento reflexivo y profundo de la evolución histórica de las civilizaciones que conforman la Humanidad, de los nuevos retos filosóficos generados a partir de los últimos avances científicos y de las consecuencias futuras que derivan de su implantación. De una seria y global interpretación de la historia en su contexto, que posibilite la democratización universal del conocimiento que hemos adquirido y el respeto analítico de todos los acontecimientos que la componen. Abandonemos los viejos dogmas ahora que conocemos sus resultados, la ciencia y la técnica nos han dado una nueva perspectiva de la que debemos aprender para evitar errores futuros. Nuestra conciencia nos obliga. Así que, en memoria de aquel hombre primitivo, creadores de cualquier ámbito de expresión colectiva de nuestra conciencia individual, incluyendo artistas cupulares y catedralicios que deambuláis por el filo del sable, levantad vuestras armas de creación antes de que sea tarde, y vuestro espíritu arda en la llama eterna del olvido y del desprecio. Alejémonos del intento corruptor de nuestra conciencia sin temor. Estamos asistiendo en estos albores del siglo XXI al nacimiento de un nuevo sistema de pensamiento: El razonalismo. Nuestro hombre primitivo nos lo agradecerá, y así rendiremos homenaje perpetuo al espíritu de todos los que antaño nos proporcionaron, a veces con una penosa existencia, el regalo de una conciencia artística que nos permita continuar vomitando en libertad. Artistas de España, poetas, pintores, escritores, escultores, músicos, pensadores, salid de la cueva y contemplad el resplandor del Universo. ¡Viva el Razonalismo! 10 de Noviembre de 2008